AMISTAD??
Como cada tarde seguí
estrictamente mi protocolo a la salida
del trabajo, visita al baño a retocarme, pintalabios y un poco de color, de
regreso a la mesa, crema de manos, encendí un cigarrillo, guarde la cajetilla, la
crema de manos y las llaves del coche en mi bolso, me dispuse a bajar los cuatro pisos que me
llevaban a la calle, donde él me esperaba.
Aquella tarde como siempre, me encontré a su amigo con quien habitualmente
compartíamos vehiculo para el desplazamiento,
inicialmente me extraño pues ese día habíamos utilizado vehículos
diferentes, pero más me sorprendió la confusa explicación de porque, él no
venia y nosotros volvíamos a casa con mi coche.
Durante el trayecto intente
aclarar algo sobre esa circunstancia pero no obtuve mucha más información, mi acompañante, o no sabia mucho más, era
habitual que accediera a todas sus peticiones sin pedir explicaciones, o si la tenía, estaba claro que no la iba a
compartir.
Como siempre, antes de ir a casa,
hicimos la habitual parada en el chiringuito de la playa.
Aquella tarde no parecía tener la
habitual prisa por regresar a su casa, se aproximaba semana santa y su pareja
había adelantado su viaje en unos días.
Aproveche esta circunstancia en mi deseo por interrogarle,
tomamos algunas cerveza más de las habituales, tantas como hasta que la
lengua empezó a patinarnos, entre alguna
pequeña confesión sobre nuestra amistad, alguna broma fuera de contesto bien
entendida por ambas partes, algunos mutuos y falsos mimos, cuando creí llegado
el momento, comencé a sincerarme con el propósito de conseguir el mismo efecto en mi
acompañante.
A medida que avanzaba la tarde y
el numero de cervezas aumentaba, es
cierto que hice algún pequeño
descubrimiento sobre el, que me sorprendió.
Llegado el momento, intente
averiguar lo que realmente pretendía, contándole en fraternal confidencia todos
los detalles la ultima bronca del fin de semana, originada por sus continuadas ausencias y mis
celos, fue como si le hubiera dado café con sal o cualquier otro brebaje que
consiguiera el mismo efecto, dejo de patinarle la lengua y con una voz firme y
suave, sin el más mínimo balbuceo me
dijo, “ nuestra relación de amistad,
esta basada en él, ya éramos amigos antes de que él te conociera, tu yo hemos tenido nuestros ciclos dentro de este
estado y si bien ahora podemos considerarnos amigos, incluso buenos amigos, por
favor en nombre de esa amistad, no me hagas elegir, es como mi hermanó”
Aquellas frases, tiraron al traste
el buen punto que había conseguido esa tarde y el efecto de las cervezas ya no
fue suficiente, pase al Gin-Tonic para
aliviar mi contrariedad, en este paso no
me acompaño.
Me despertó el zumbido del
portero automático, maldita sea, no había vuelto a casa tampoco aquella noche y
yo no recordaba nada, desde que su amigo me dejara contrariada y en un estado de
más que incipiente embriaguez, en el
portal la tarde/ noche anterior.
Un sentimiento de venganza me abrasaba por dentro,
alimentado por los últimamente tan habituales celos, sin duda habría pasado la noche, otra
vez, con aquella rubia pánfila de los
ojos azules como platos, de la que en una de nuestras innumerables
reconciliaciones y en un acto de sinceridad “machista” absoluta con un lamentable tono de burla, represento del
sonido que emitía la rubia al llegar al
orgasmo, similar al de una sirena afónica mientras describía como en su
cabalgaba aceleraba el ritmo de sus caderas hasta el total descontrol para
finalizar tratando de darle las gracias sin poder articular palabra, entre
risas tontas, aspavientos y lagrimas, cerdo!!!
Descalza, desnuda y con un estado
de animo que vaticinaba una furibunda escena de celos, fui hacia el portero
automático, una voz contesto un largo
NOOOO!, estaba claro que no era él, resignada accione el botón que abría el
portal, espere tras la puerta que abrí
sin salir de detrás de ella, entro, me miro fijamente sin gesto de sorpresa
alguno, su fachada de indiferencia movió algo en mi, cerré la puerta y aparentando somnolencia con fingida
desgana, encendí la tenue luz del recibidor, por supuesto para facilitar que
pudiera verme, le di la espalda y me dirigí lentamente hacia el baño a la vez
que le pedía que preparara café mientras me duchaba, mi tono no era
precisamente una invitación a preparar café.
Finalizada la ducha, fui a la
cocina, un intenso olor a café lo llenaba todo, la cafetera italiana aún
borboteaba. Estaba frente a la puerta, apoyado en la encimera, me aproxime con pasos
lentos, mientras me secaba el pelo con
parte de la misma toalla que me cubría, le bese, lo más cerca de los labios que
me permitió, dándole los buenos
días y las gracias por el café.
No te has vestido aún?? me
increpo, como respuesta con más habilidad que torpeza, me gire para apoyarme sobre el, dejando caer la toalla,
como esperaba, me abrazo por detrás,
atraje sus manos hacia mis senos que asió primero tímida pero después
firmemente, y le ofrecí mi boca, se giro, comencé a sentir un largo y suave mordisco
en mi nuca que acompasaba con el aumento en la presión de sus manos, una de las
cuales había descendido con un lento y ligero roce de sus uñas hasta mi vientre
presionándolo, mi cuerpo se conmovía inesperadamente.
Me susurro al oído “como te dije
ayer no voy a pronunciar ni una sola palabra ni cometer ninguna acción que
pueda perjudicarle o dañarle en cualquier sentido, acordaremos que esto no ha pasado nunca, a pesar de que no
puedo negar que me atraes, lo siento” besándome suavemente me soltó.
Movida como por un resorte y en
contra de mi reacción y nacido deseo, puse
distancia entre ambos, era cierto cuando decía que le atraía, era evidente en
su comportamiento durante esos segundos, en su mirada, su respiración y en sus
pantalones.
Le observe mientras tomaba el
café, con una turbadora y dulce sensación de incomodidad. Se comportaba como había
anunciado, si lo ocurrido hacia unos segundos no hubiera sucedido, yo no podía
dejar de rememorar las sensaciones experimentadas como resultado de mi tan
premeditada y cerebral actuación que lejos de servir a mis iniciales propósitos, era evidente que en algún momento los
acontecimientos se habían vuelto en mi contra.
Mientras íbamos al trabajo aquella
mañana, ninguno de los dos pronuncio una sola palabra, el tarareaba como cada
mañana las canciones que sonaban en el radio-cassette, yo no podía dejar de pensar como me había sentido en aquellos
breves instantes, ni lo haría durante mucho tiempo.
Durante años, nunca más, volvimos
a mencionar lo ocurrido, pero algo quedo claro en mi, decididamente solo era la
primera “batalla” perdida de una guerra que sin esperarlo yo había iniciado y
que seguramente iba ser lenta y larga muy larga,
Desgraciadamente el tiempo o el
destino, antes de lo esperado, intentaría
moverlo todo, a pesar de lo cual hoy seguimos siendo amigos.