1977 no estaba siendo un mal año, acabada de cerrar mi primera etapa laboral, estrenaba mi recién iniciada mayoría de edad por contra mi reciente ruptura y abandono temporal, ella se fue a pasar el verano a Paris, prometía un verano diferente.
Como contrapunto, mi, empresa actuando de destino, nos regalo a un grupo de compañeros de trabajo (previa asistencia a un cursillo sindical realizado meses antes), un mes de vacaciones en un alberge juvenil, en Marbella,
Con la llegada a Marbella (12horas en autobús y sin A.A.) conocimos el objetivo real del viaje, el sindicato vertical, tenia todo un paquete de planes de acción encaminado a adoctrinarnos durante ese mes, y que para nosotros finalizaron la reunión de la primera noche, declarándonos afiliados y activistas de un veterano sindicato anarquista, prometieron deportarnos a Madrid de forma inmediata, no sin antes (con cierta justicia por cierto dadas las circunstancias) regalarnos algunos insultos y lindezas, nuestra vida en el albergue no la preveíamos sencilla, pero eso fue otra historia.
Mientras esperamos nuestra deportación, recorrimos todas las playas, chiringuitos, bares, garitos, Pub y por supuesto discotecas de Marbella.
Una de las más famosas discotecas en aquellos años, KISS su propietario, uno de los personajes punteros de la Jet /Set marbellí, hermano de la reina de Holanda, Y de look similar a Daly era un habitual de la revistas del corazón.
Después de esperar la correspondiente cola, recogerme el pelo en una coleta y obligar a mi compañero a dar la vuelta a su camisa de chorreras para pasar el ya existente control de puerta, nos dispusimos ambos a disfrutar de la noche a ritmo del “Sonido California”, imperante en las discotecas más modernas de aquellos años.
Tras el necesario reconocimiento por la barra y la pista, unas copas y unos “bailes”, entablamos conversación con unas simpáticas y guapas señoritas, unos breves momentos de discusión para ti la alta para mi la baja, que finalmente y como suele ser natural ellas solucionaron. Reiniciamos la noche con “nuevas” perspectivas.
En la selección resulte afortunado, mientras comenzaba una fluida y calida conversación sin demasiada profundidad, entre Barry Wait y Lionnel Richy intuí que la incipiente relación funcionaria de forma progresiva y sincronizada.
Riéndose de mi acento, pregunto sobre mi procedencia, de Madrí, conteste. A partir de ese momento la calida conversación se convirtió en un deseo irrefrenable por su parte de contarme que ese mismo verano en Granada, su ciudad, habían conocido a unos chicos muy simpáticos de Madrid, uno mas alto y moreno otro más fuerte y con bigote, buscando el constante asentimiento de su amiga, a la que interrumpía en su entregado afán por desabrochar la camisa de mi amigo.
No le preste demasiado interés, a pesar de su empeño, ella seguía que si tenían mi mismo acento y forma de decir las cosas. Como si Madrid fuera un pueblito y tuviera que conocerlos.
Intente varias veces reconducir la situación, ni siquiera unos primeros tímidos y torpes besos aún siendo correspondidos, consiguieron evitar que ella volviera sobre los “simpáticos madrileños”.
Sin esperarlo, mientras el “Love to love you baby” de Donna Summers nos derretía (evidentemente solo a mi), me abandono en la pista y se encamino hacia los sofás donde descansaban las copas y bolsos, con avidez comenzó a buscar dentro del suyo, note como se dibujaba en su cara una enorme sonrisa de satisfacción anunciándome que había encontrado lo que buscaba ¡una foto! de los “simpáticos madrileños”.
La noche toco a su fin, me gire hacia mi amigo, al oído le desee suerte en su conquista, a la vez que le deslizaba las 1. 000 pts y “el algo más” que guardábamos para estas ocasiones en el bolsillo trasero de su pantalón, al mismo tiempo que le anunciaba mi retirada al albergue y un ¡¡ya te diré!!, me excuse con ella, voy al aseo. No volví ni me despedí de aquella guapa y simpática granadina. De la que posteriormente de muy primera mano, supe de sus apreciables cualidades, a las cuales era probable que acabara de renunciar.
Un par de meses antes en Granada y durante tres días, se realizaron las pruebas de acceso a la Academia General del Aire, mi hermano opositaba y con un amigo se habían desplazado y aprovechado para pasar unos días.
Era joven y tenía más escrúpulos de los que creía con mi pelo largo, adorando a Dylan y Marc. Bolan, la poesía de Allen Ginsberg, el realismo de Bukowski y mi chupa de The Class que por cierto nos los conocía aún ni ellos mismos
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